El Monasterio de San Bernardo fue fundado en 1595 por la orden franciscana en pleno auge del virreinato peruano. Su construcción coincidió con el proceso de evangelización y consolidación urbana de Cusco como capital religiosa y administrativa del sur andino.
Considerado una joya del barroco andino, el complejo integra técnicas constructivas europeas con saberes locales, resultando en una arquitectura híbrida característica del período colonial. La portada principal, tallada en piedra de origen volcánico, constituye uno de los ejemplos más notables de ornamentación barroca en el Perú.